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Nicotina: ¿villana o heroína?

Además de ofrecer una vía de solución a los problemas del tabaquismo, la nicotina tiene muchas otras facetas. Algunos estudios resaltan su potencial terapéutico en el contexto del envejecimiento, la cognición y la depresión.

En la tercera edad, la depresión y la demencia son afecciones que pueden estar relacionadas. Las personas con depresión tienden a fumar más que aquellas sin esta condición, son más dependientes de la nicotina y enfrentan mayor dificultad al intentar dejar de fumar. Esta tendencia podría estar ligada a un intento de automedicación, ya que el consumo de nicotina parece mitigar los síntomas depresivos. La depresión es un factor de riesgo para el deterioro cognitivo (pérdida de memoria, problemas del lenguaje, la percepción visual o la atención), lo cual retroalimenta el proceso depresivo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el consumo de tabaco, incluido el tabaco sin humo, puede aumentar el riesgo de demencia a través de mecanismos relacionados, por ejemplo, con las enfermedades cardiovasculares. ¿Pero qué pasa con el consumo de nicotina sin tabaco, sin exposición al humo y sin combustión? A pesar de la evidencia limitada, hay fuertes indicios de que componentes de la nicotina han demostrado tener efectos positivos en enfermedades y condiciones que involucran capacidades cognitivas y control de emociones.

Entonces, ¿la nicotina atenúa la depresión y puede minimizar el deterioro cognitivo relacionado con la edad? La ciencia busca respuestas a los trastornos psicoemocionales y declives cognitivos, y el Dr. Albert Gjedde del Departamento de Neurociencia de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Copenhague, Dinamarca, es uno de los científicos que ha hecho interesantes aportes sobre esta investigación. Gjedde nos introduce en el intrigante terreno de la nicotina y sus derivados como posibles actores en esta compleja trama.

Algunas precisiones

La nicotina, un compuesto que se encuentra naturalmente en las plantas, ha sido durante mucho tiempo el foco de extensas investigaciones por parte de los neurocientíficos. La pregunta fundamental de los científicos que estudian el cerebro es cómo interactúa este compuesto con nuestro sistema nervioso y sus implicaciones tanto en la función cerebral saludable como en las enfermedades neurodegenerativas.

Esta sustancia actúa en el cerebro estimulando las glándulas adrenales para que liberen la hormona epinefrina (adrenalina) y aumentando los niveles de dopamina, un neurotransmisor químico que cuando se libera puede generar sensaciones de placer, aumentar la atención, la concentración, el estado de ánimo y la motivación.

Para empezar, es crucial entender de dónde proviene la nicotina. Algunas plantas que se consumen cotidianamente contienen trazas de nicotina. Un tomate tiene en promedio 332 nanogramos de nicotina, las berenjenas aproximadamente 525 nanogramos y las patatas alrededor de 675 nanogramos. Sin embargo, es la hoja de tabaco, miembro de la familia Solanaceae, la que posee una mayor concentración de este compuesto. De acuerdo con el portal Tabacopedia, la cantidad de nicotina que contiene una planta de tabaco puede variar según diversos factores, como la especie, la parte de la planta, el clima y el momento de la cosecha. En general, las solanáceas contienen de 0,5 a 5 % de nicotina en peso seco, las hojas de tabaco contienen de 2 a 7 %, mientras que las raíces y las semillas contienen de 1 a 3 %. Como comparación, un solo cigarrillo contiene alrededor de 12 miligramos.

En el mundo vegetal, la nicotina actúa como repelente o insecticida natural, protegiendo la planta contra depredadores. Estudios también sugieren que puede tener efectos hormonales y regular el crecimiento de las raíces y de los brotes. Además, tiene una importante participación en interacciones simbióticas: cuando las plantas liberan nicotina en el suelo, atraen bacterias del género Rhizobium que se adhieren a las raíces y forman nódulos con la capacidad de fijar nitrógeno del aire, el nutriente esencial para el crecimiento y buena salud de las plantas. 

Nicotina y mamíferos

Pero en el mundo animal sucede algo fascinante: su comportamiento cambia dramáticamente cuando se introduce en sistemas mamíferos. Como señaló Gjedde: «En el cerebro de los mamíferos, la nicotina exhibe múltiples acciones que parecen coincidencias evolutivas; no hay una conexión específica evidente entre sus roles en plantas y animales». Eso es análogo a descubrir que una llave diseñada para el encendido de un coche se adapta inadvertidamente a una cerradura de puerta y abre la pregunta de por qué una sustancia derivada de plantas tiene un efecto tan diferente en animales.

En un estudio titulado «EEG como marcador funcional de la actividad de la nicotina: Evidencia de un estudio piloto en adultos mayores con depresión», Alexander Conley y su equipo del Departamento de Psiquiatría del Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt profundizaron en los posibles beneficios de la nicotina. Querían saber si podría ayudar a mejorar la memoria y el estado de ánimo de las personas que tienen depresión vinculada a la edad. La depresión en la vejez (LLD, late-life depression) es una condición debilitante que se asocia con una respuesta deficiente a los medicamentos antidepresivos y déficit en el rendimiento cognitivo. Al administrar durante doce semanas parches de nicotina a sujetos ancianos no fumadores con depresión, el equipo de Conley esperaba discernir cualquier efecto cognitivo.

La principal herramienta utilizada por los investigadores en este estudio fue el electroencefalograma (EEG), que proporciona una ventana a la actividad eléctrica del cerebro. Los hallazgos fueron intrigantes: después de la administración de nicotina, los participantes mostraron mejoras en tareas en las que tenían que escuchar e interpretar sonidos. Las lecturas del EEG también indicaron una disminución en patrones denominados «desincronización beta», sugiriendo un funcionamiento cerebral más eficiente. Es notable también que los participantes informaron mejoras en el estado general de ánimo. A pesar de las limitaciones de ser un estudio pequeño, con solo 20 participantes y en ambiente de laboratorio, es prometedor que después de recibir nicotina los pacientes ancianos tuvieran mejoras sustanciales en tareas auditivas y en la disposición emocional, con mejoras significativas en síntomas como tristeza, ansiedad, irritabilidad y fatiga. 

En un estudio publicado en 2018 en la Revista de Psiquiatría Clínica, en el cual también participó Conley bajo el liderazgo de Jason Gandelman, el grupo de investigadores analizó la eficacia de la nicotina transdérmica en el tratamiento de la LLD en relación con el estado de ánimo y el rendimiento cognitivo. Quince personas mayores de 60 años, no fumadoras, con trastorno depresivo mayor y deterioro cognitivo subjetivo (dificultades para la autoobservación acerca de su función cognitiva) utilizaron parches de nicotina durante 12 semanas. Los resultados mostraron una notable mejora en la severidad de la depresión y una mejora en la función cognitiva subjetiva, aunque no hubo cambios significativos en el rendimiento cognitivo objetivo. A pesar de sus limitaciones, como el pequeño tamaño de muestra y el diseño de etiqueta abierta (un tipo de ensayo clínico en el que tanto los investigadores como los participantes conocen el tratamiento que se está administrando), los hallazgos sugieren que la nicotina puede ser una terapia prometedora para el LLD, aunque se requieren más investigaciones para confirmar estos resultados.

Estableciendo paralelismos, una investigación de Alireza Majdi indagó sobre el efecto de la nicotina en ratones que exhiben síntomas de envejecimiento cognitivo, reminiscentes del Alzheimer o demencia en humanos. Los resultados de si la nicotina podría ayudar a mejorar la función cerebral fueron esclarecedores. No solo los ratones mostraron mejoras en sus habilidades cognitivas, como si la nicotina realmente ayudara a los ratones a pensar y recordar mejor, sino que presentaron un rejuvenecimiento del cerebro y su ambiente cerebral también mostró un aumento en «factores neurotróficos». Estos factores actúan como «vitaminas» para las células cerebrales, promoviendo su salud. Aun más convincente fue la ausencia de patrones de comportamiento adictivo en los ratones, sugiriendo beneficios sin implicaciones de abstinencia.

¿Qué hacer con estos hallazgos?

Estos resultados prometedores plantean una pregunta: ¿pueden sustancias como la nicotina ser candidatas para evitar el declive cognitivo?

Alexandre Iarkov y su equipo están investigando la cotinina, un metabolito de la nicotina, es decir, un producto de su transformación por el organismo, como una posible ayuda contra problemas cognitivos en pacientes con enfermedad de párkinson, una condición principalmente asociada con trastornos del movimiento, pero también marcada por problemas de memoria. La cotinina se utiliza como un biomarcador para medir a través de la sangre, saliva y orina la exposición al humo activo y pasivo del tabaco.

Simultáneamente, el equipo de investigadoras del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Vermont, Estados Unidos, está estudiando el potencial de la nicotina para mejorar las habilidades cognitivas en adultos mayores sin demencia. Buscan saber si la nicotina puede realmente ayudar a mejorar la memoria y el pensamiento en adultos mayores que no tienen señales de demencia y actuar de una manera que mantenga el cerebro «en forma» a medida que envejecen. La analogía aquí es similar a mantener la «forma» cerebral con la edad y el natural declive cognitivo con la nicotina actuando como una «vitamina para el cerebro».

De acuerdo con las investigaciones, una de las intrigantes distinciones entre la demencia y el envejecimiento normal radica en el sistema nicotínico, una red de neuronas que utilizan la nicotina como neurotransmisor. El sistema nicotínico está involucrado en una variedad de funciones cognitivas, incluyendo la atención, la memoria y el aprendizaje. Durante el envejecimiento natural, a pesar del declive cognitivo, no se detectan daños en el sistema nicotínico, a diferencia de lo que ocurre con la demencia, donde sí se observan. Esta situación sugiere que el sistema nicotínico aún funciona en el envejecimiento, pero quizás no con la misma eficiencia. Una causa podría ser la menor sensibilidad de los receptores nicotínicos.

Si esta hipótesis se sostiene, abre un camino prometedor para el tratamiento del declive cognitivo asociado con el envejecimiento y hasta de condiciones como el síndrome de Down. Potenciar el funcionamiento del sistema nicotínico, ya sea a través de la administración de nicotina o mediante medicamentos que actúen sobre este sistema, podría ser una estrategia terapéutica viable.

Las investigaciones actuales presentan un retrato intrigante de la nicotina como potencial herramienta terapéutica en poblaciones en proceso de envejecimiento. Centrándose en áreas como la memoria, la depresión y la capacidad cognitiva, los resultados de estas investigaciones nos hacen pensar si podríamos usar la nicotina para prevenir estos problemas en el futuro. Es evidente que se requieren estudios más extensos para determinar si efectivamente puede ser utilizada como medida preventiva. Sin embargo, los hallazgos preliminares son prometedores.


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