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Buscando el componente que mató al espía

Una química australiana busca en los vaporizadores un componente altamente tóxico presente en los cigarrillos combustibles. ¿Tiene sentido su investigación?

Sarah Mullins, química australiana especializada en radiación, examina minuciosamente los vaporizadores buscando rastros de polonio-210, un componente radiactivo encontrado en el tabaco. Su misión es determinar si este temido componente de los cigarrillos también se encuentra en los vapeadores. Pero, ¿es válido encender las alarmas y generar inquietud en aquellos que ven en el vapeo una alternativa más saludable a los dañinos cigarrillos? ¿Es justificable sembrar miedo sobre la base de estos hallazgos? Averigüemos cuán sólidos son estos temores y la razón del silencio de Mullins ante nuestras preguntas.

En uno de los modernos laboratorios del Servicio Forense y Científico de Salud de Queensland, Sarah Mullins, una química especializada en radiación de la estatal australiana dedica sus días a examinar dispositivos de vapeo incautados en busca de un componente más bien desconocido por el gran público: el polonio-210, un radioisótopo que se encuentra naturalmente en el tabaco de los cigarrillos.

«Imagínalo», comenzó Mullins, con la mirada seria durante una entrevista al reportero de la cadena 7NEWS, «fumar dos paquetes de cigarrillos te expone a una radiación equivalente a una radiografía de tórax. Nuestra misión aquí es cuantificar cuánto, si acaso, de este peligroso elemento podría estar al acecho en los vaporizadores».

La preocupación de Mullins, quien crea una relación de correspondencia, es que el polonio-210, un metal volátil, puede encontrarse en el humo del tabaco, acumularse en los pulmones de los fumadores y ser uno de los responsables del cáncer de pulmón. Esto ocurriría porque el alquitrán pegajoso del tabaco se adhiere en los pequeños conductos de aire pulmonares (bronquiolos) y atrapa estas sustancias radiactivas. 

Pero, ¿qué es el polonio-210? Derivado del polonio (Po, de número atómico 84), este átomo es inherentemente radiactivo. Debido a su naturaleza inestable, estos átomos decaen con el tiempo, emitiendo partículas de alta energía en el proceso. De acuerdo con la explicación del Laboratorio Nacional de Los Alamos, una de las principales instituciones científicas a nivel mundial, reconocida sobre todo por su contribución clave en la creación de la primera bomba nuclear, el polonio-210 se convierte fácilmente en vapor porque se derrite a baja temperatura. A una temperatura de casi 53° C, la mitad de él se evapora en 45 horas. Al descomponerse, estos átomos pueden liberar partículas alfa lo suficientemente potentes como para dañar o incluso destruir el material genético celular.

De acuerdo con un estudio europeo, a diferencia de los neutrones, rayos X o gamma, las partículas alfa viajan apenas unos centímetros en el aire y no pueden penetrar la piel. Sin embargo, pueden causar graves daños celulares si son ingeridas o inhaladas y pueden estar relacionadas con muchos casos de cáncer de pulmón.

El surgimiento del polonio-210 es natural. Se forma cuando el uranio-238 y el radio-226, otros dos materiales radiactivos presentes en la corteza terrestre, se descomponen. Aunque la vida media del polonio-210 es de unos 138 días, su toxicidad es bastante alta. Un testimonio de su naturaleza peligrosa y letalidad fue el envenenamiento del ex espía soviético Alexander Litvinenko. En noviembre de 2006, Litvinenko fue envenenado con polonio-210 mientras tomaba té en un hotel de Londres y murió varios días después.

Pero, en el universo del tabaquismo, se ha determinado que la concentración promedio de actividad de polonio-210 en los cigarrillos es de 16,6 megabecquerel por cigarrillo. Además, se estima que la dosis efectiva anual promedio para fumadores de un paquete al día es de entre 193 y 251 microsievert (mSv, una unidad de medida de la dosis de radiación). 

En ese sentido, investigadores de la Universidad de Massachusetts indicaron que alguien que consume un paquete y medio (30 cigarrillos) diariamente recibe una dosis de radiación en el epitelio bronquial, específicamente en las zonas de bifurcación, de 80 mSv al año. Esta dosis es comparable a la que se recibiría de 300 radiografías torácicas anuales. 

Para que se tenga una idea del problema, la Comisión Internacional de Protección Radiológica (ICRP) recomienda un límite de exposición a la radiación para el público en general de 100 mrem o 1 mSv por año (el término «mrem» significa milirem, que es una unidad de medida para la dosis de radiación).

¿Tiene sentido esta investigación?

Se sabe que el polonio-210 está presente en los cigarrillos, incluido el humo, y que la planta de tabaco acumula pequeñas concentraciones que provienen principalmente de la radioactividad natural del suelo, aunque no exclusivamente, ya que en el proceso de producción los agricultores usan fertilizantes que tienen una sustancia llamada radium, un pariente cercano del polonio-210.

Un funcionario anónimo de una empresa tercerizada que trabaja con una gigante tabacalera en el sur de Brasil nos ha explicado: «A medida que el tabaco crece, este radium y su similar que ya está en la tierra se unen a la planta. Luego, cuando se hacen productos como cigarrillos con ese tabaco, estas sustancias quedan en ellos». En otras palabras, el tabaco absorbe sustancias de los fertilizantes y del suelo que luego terminan en los productos que se fuman.

Entre el 6,5 y el 22 % del polonio-210 presente en los cigarrillos también se encontró en el humo que se consume cuando se fuma. Sin embargo, el polonio es solo uno de los al menos 69 compuestos químicos cancerígenos y potencialmente mortales presentes en el humo del tabaco. «Se sabe que el polonio-210 se puede encontrar en el medio ambiente, incluyendo minerales y materia orgánica. También está presente en el humo del tabaco, así como en fertilizantes que contienen fosfatos de roca, los cuales pueden ser absorbidos por las plantas, como ocurre con el tabaco. No me parece probable que se pueda encontrar en cigarrillos electrónicos. Quizás para quitar esa duda se está investigando», añadió.

El polonio-210 es altamente radiotóxico y peligroso. En razón de ello, la ciencia ha planteado preguntas relevantes y ha realizado descubrimientos sobre la relación entre el polonio-210, el tabaco y los problemas asociados al tabaquismo. Sin embargo, los productos de vapeo no contienen tabaco. Entonces, preguntamos a Sarah Mullins: ¿cómo podrían los vapeadores estar expuestos al polonio-210 si no consumen tabaco? ¿La nicotina procesada derivada de las plantas de tabaco contiene polonio-210 u otra sustancia radiactiva en cantidades preocupantes?

Nuestro equipo editorial intentó contactar a Sarah Mullins en varias ocasiones, pero ella no respondió a nuestras preguntas:

  • ¿Qué evidencia existe sobre la presencia de polonio-210 en los cigarrillos electrónicos?
  • ¿Cómo puede el polonio-210, que se encuentra naturalmente en la hoja del tabaco, terminar en dispositivos de vapeo?
  • ¿Qué metodología se utilizó para analizar estas muestras? ¿Qué tipo de equipos se utilizaron y cuáles fueron los productos? 
  • Si los productos de vapeo no contienen tabaco, ¿cómo podrían los vapeadores estar expuestos al polonio-210?
  • ¿La nicotina de grado farmacéutico utilizada en los líquidos, aunque derivada de las plantas de tabaco, contiene polonio-210 u otra sustancia radiactiva?
  • ¿Qué impacto cree que tendrán sus descubrimientos en las regulaciones gubernamentales sobre el vapeo?
  • ¿Qué la ha motivado a investigar los riesgos para la salud asociados con el vapeo?

Este artículo es una publicación original. Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a [email protected].

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